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Publicado 24th jun 2011 Publicado por Lamazon | ||
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Julio César Chávez acaba de obtener lo que le faltaba y es todo a lo que en la vida de un boxeador se puede aspirar. Después del Salón de la Fama de Canastota, que es la más alta distinción con excepción del cinturón de campeón del mundo, no hay nada más. El ingreso de Chávez el pasado fin de semana a este nicho de honor es un gran homenaje a los puños de los boxeadores mexicanos; puños fecundos y eternos, artesanos de logros imperecederos que sacuden conciencias y nos confirman que somos capaces de todo, habilidosos y valientes, fértiles en el esfuerzo, inquebrantables ante los desafíos, aptos para recoger explorando en el légamo la sustancia primal. Una buena conquista deportiva hace que los que duermen despierten, el alma se conecta a sus más profundas raíces. Tengo 45 años en el boxeo y si ustedes me creen aquí les digo que el Salón de la Fama de Canastota es de las actividades más transparentes y dignas del boxeo profesional, por el rigor con que se maneja. No hay presiones, sólo devoción por el boxeador y sus merecimientos. Fui elector doce años, y sé que los votos se respetan como se respetan las sagradas escrituras.
El Salón de la Fama tiene 98 electores en el mundo, los que cada año seleccionan a quienes han de confirmar su contrato con la inmortalidad. Pasarán algunos siglos, porque el boxeo goza de buena salud, y ahí estarán los de hoy. Mientras haya boxeo no serán borrados de esta tierra los nombres de los buenos peleadores que existieron desde James Figg para adelante. Ya sabíamos que Julio César Chávez es legendario, ubicado en una cima excelsa, reverenciado con zalemas de emoción por el pueblo que lo quiere. Sin embargo es necesario el ejercicio del saludo perpetuo al ídolo porque eso hace que su vida viva. Si los museos tienen pintando todavía a Rivera y a Siqueiros, nosotros tenemos hoy a Chávez tirando golpes deslumbrantes como cuando ciento treinta y dos mil almas coreaban en el Azteca cada gancho inmarcesible del mejor pugilista que ha parido nuestra tierra mexicana. Artículo publicado en el periódico OVACIONES el 14 de junio 2011 | ||
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