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Publicado 18th jun 2012 Publicado por Lamazon |
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Por Eduardo Lamazón
Demasiado fuerte, demasiado poderoso.
Con artes de alquimista Julio César Chávez esfumó las pretensiones de Andy Lee, y al ser muy superior mató la posibilidad de que viéramos la pelea que esperábamos ver. Confirmó su título de peso medio en El Paso corriendo mínimos riesgos a pesar de que puso la cara a los puños homicidas del irlandés. La izquierda fenomenal que le dio tantos triunfos a Lee no apareció el sábado, cuando menos con oportunidades letales. El retador fue beligerante nueve minutos de la pelea, y después ya no fue gran cosa. Tras los primeros tres rounds, su suerte estaba echada.
Para Chávez fue mucho más que una victoria. En la entrevista que le hice para Central Deportiva minutos después de la pelea confesó que sí, cuando le pregunté si las innecesarias burlas que hizo al adversario eran el ensayo de una venganza contra alguna gente, contra el mundo, que tanto le han atizado. Tiene derecho a la rabia si le han dicho que no vale, que es un hijo de papá, que fue sobreprotegido y que le compran las peleas. A los veintiséis años de edad se sabe naturalmente de venganzas, porque el desquite llama ardiendo en la piel; poco se sabe en cambio del perdón, que es la antítesis. Es poco probable que Chávez sea un muchacho insolente, pero es muy posible que a lo largo de muchos meses, años tal vez, no haya entendido bien qué sucedía con él, aclamado por la gente donde quiera que se parara, dueño de una capacidad de convocatoria creciente, profeta riguroso de los ratings de televisión, pero cuestionado. Está lejos de anhelar cualquier forma de omnipotencia en el universo del boxeo, de creer que el boxeo es sólo él, pero va sabiendo que la ley del ring manda rigurosa: cuanto más triunfas más te quieren y más te odian. Ahora el tiempo va dictando su inexorable lección, viene la madurez del campeón y tiene que aprovecharla, porque tras la madurez espera el ocaso. La fama, la gloria, el triunfo son traicioneros, e inflamables. Chávez va a pelear con Maravilla Martínez en septiembre. Si gana será un héroe nacional, y si pierde el fiasco tan anunciado, nadie es tan indulgente como para razonar que a veces entre ganar y perder puede haber nomás dos puntos de diferencia en las tarjetas del veredicto. Las pasiones deportivas son amantes infieles que proveen más sufrimiento que felicidad.
No hay un nuevo Chávez en lo boxístico, pero sí anida en él una actitud nueva que lo revoluciona. El empaque y la altivez del sábado no los conocíamos, estuvo de estreno, abonó a la seguridad que requiere un campeón para continuar subiendo peldaños. En sus recursos técnicos ha venido mejorando desde que se hizo campeón, pero no es un boxeador completo, entre otras cosas porque los boxeadores completos son muy pocos. Yo no tengo ninguna mala predisposición hacia Chávez, pero me hubiera gustado que le pegaran, aunque sea un poco, para comprobar de una vez si su quijada es tan poderosa como fue la de su padre. Las grandes mandíbulas han ganado más peleas que los grandes puños. Marvin Hagler, Jack LaMotta, George Chuvalo, Evander Holyfield, Muhammad Alí, Gene Fullmer, Carmen Basilio, eran indestructibles. El uppercut de Lee sobre el final del cuarto round fue una prueba razonable; Junior no dio señales de daño y en cambio respondió con rapidez. Sin embargo es obligado señalar que los golpes enemigos permean sin cesar la guardia de Julio César. Fue demasiado conectado en esta pelea, tanto como para que su equipo piense seriamente que en eso se deben lograr correcciones urgentes. Su problema mayor es que no sabe qué hacer cuando no está trabajando, atacando. Hay boxeadores que pasean por el ring cuando es necesario, y podrían tomarse un cafecito en los espacios que crean; lo hacen dejando al adversario fuera de la jugada. Chávez sólo está completamente a salvo cuando ataca. Curiosamente pelea bien en el cuerpo a cuerpo –a pesar de que es largo-largo–, porque trabaja espléndidamente abajo, y al estar pegado, frente con frente, anula mucho del arsenal contrario. Con frecuencia en la pelea (o sea un instante por lo menos en cada round) le hace falta trabajar con una izquierda eficiente, que ha olvidado. Me gustaría que viera videos de Carlos Monzón, un gran campeón de su mismo peso, para que entienda cómo con una izquierda inquisidora y leal se pone al adversario a la distancia que uno quiere. O que vea los jabs míticos del boxeo, Larry Holmes, Muhammad Alí, Sonny Liston, Benny Leonard, Joe Louis. Chávez sólo se quita golpes –los que se quita—con los brazos, y nunca con la cintura o con el movimiento de piernas que debería sacarlo de la zona de trance.
Enojado, suficiente, sobrado, Chávez peleó exponiéndose más allá de la prudencia. Estaba en uno de esos días en que uno se siente todopoderoso, el talante era el de una especie de Supermán invulnerable. Y cuando uno tiene esos días, generalmente se sublima y es imbatible. Así fue Roberto Durán contra Sugar Ray Leonard cuando le ganó.
Andy Lee sacó sus armas e intentó la pelea de varias maneras. Primero con las manos, para sorprender, después andando sobre piernas (tercer round), para conspirar contra los planes muy precisos del campeón, pero fue de fracaso en fracaso. Para vencer hay que poder, hay que encontrar la puerta por donde entrar, hay que hacer daño cuando se pega. Ninguna de estas variantes, todas exploradas por Lee, dieron resultado. ¿Qué Chávez empezó lento? ¿Y qué? Lo que importa es el resultado de su producción.
Le di a Julio César un opinable primer round, por dos entradas con golpes que penetraron la guardia de Lee, y que tuvieron una sola respuesta. Ganó también el segundo, lastimando algo a Lee con el primer golpe sólido del combate. Lee ganó el tercero. Desde el cuarto round y particularmente sobre el final de ese bloque de tres minutos, la pelea estaba controlada por el campeón. De un lado había un poder dañino que carcomía al aspirante en cada cruce, y del otro había resignación creciente, era cuestión de tiempo. Chávez, en resumen, hizo pedazos a un retador que antes de la pelea nadie –ni una sola opinión— descartaba totalmente como aspirante a ganador.
Julio César Chávez fue más poderoso que deslumbrante, ya no es el que titubeaba para resolver (contra Sebastián Zbik, por ejemplo) y a los intentos de Andy Lee contrapuso valor y empuje. De muchas maneras está allanando el camino con la llave maestra que abre las puertas aparentemente más herméticas: el triunfo. A una victoria contundente es difícil combatirla con injurias contumaces. No olvidemos que Andy Lee es uno de los mejores que podía aspirar al título, y Laurence Cole tuvo que quitárselo de las manos casi-casi para salvarle la vida. Diez minutos después de terminada la pelea The Ring Magazine puso este tuit: ‘Chavez-Martinez no longer a joke after seventh-round TKO of Lee’.
Los gringos no sueltan un halago así a un mexicano, a menos que estén convencidos de lo que están diciendo. Julio César Chávez gana credibilidad con el triunfo y los que aseguraban que va a hacer el ridículo contra Maravilla Martínez ahora dicen “bueno, la verdad es que quién sabe”.
La polémica es parte de su ajetreada personalidad de boxeador, y no lo abandonará. Hoy empieza a recorrer el camino de su próxima aventura, el encuentro en septiembre con Maravilla Martínez. Se van a decir más cosas que políticos en campaña, y está bien que así sea, es parte del montaje, nadie espera que lleguen al ring como monjes tibetanos, meditando y en silencio. Por lo esperada, por lo conversada, por lo polémica, por el tiempo de espera, por la rivalidad y por las especulaciones el choque con el argentino se parece mucho al que su padre tuvo con el Macho Camacho, del que se estarán celebrando veinte años (12 de septiembre de 1992 en el mismo Thomas & Mack Center). Hay coincidencia hasta en que el Macho y el Maravilla son zurdos.
Faltan ochenta y nueve días para la pelea.
artículo publicado en Central Deportiva, de El Universal, el lunes 18 de junio de 2012 |





Don Lama,
Encuentro bastante curioso lo que mencionas con respecto a lo que twitteo The Ring Magazine acerca de Chavez Jr.
Siendo dicha revista propiedad de Oscar de la Hoya y teniendo como “enemigo” a Bob Arumel actual promotor del Jr, es extraño que hable tan bien de él.
Lo veo diferente, don Juan. Es impensable que escriban en The Ring torciendo las ideas para ayudar a De la Hoya. Para DLH la mejor ayuda es que digan la verdad, y yo le aseguro que escriben con total libertad.
Hacia años que no volvia esa sensacion que solo un Chavez puede provocar en el Mexicano, ese orgullo de decirlo gritarlos y sostenerlo ante quien sea. El Jr lo ha logrado nos ha emocionado como hacia algun tiempo no lo sentia, me da mucho gusto ver frutos cosechados en el chico Chavez. En hora buena para todos tenemos campeon.
-Bien por Chavez Jr.,me gusto mas su desarrollo en esta pelea,lo vi mas fuerte en su pegada y ahora dando esos golpes curvos de su Padre y perfeccionando esos gamchos a los costados,muy bien,lo único malo es que de repente baje la guardia y se deje golpear.
-Ahora a callar al bocón de Martinez,saludos Don Lama.