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Publicado 11th jul 2011 Publicado por Lamazon |
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La temporada de lluvias fue generosa el verano reciente en la ciudad de México. Cuando el agua derramada excedió la capacidad del drenaje y nos inundamos, un funcionario hizo una observación zaheridora, vergonzosa: dijo que somos un pueblo cochino que tiene a la calle por basurero y que contribuye con su incultura a generar la suciedad que nos ahoga. Caramba, no dijo el señor nada inexacto ni profirió un agravio, pues diciendo perro no se ofende al perro, pero medio mundo se le echó encima para recordarle que la obligación de las autoridades es barrer y limpiar, y que un buen funcionario público no se desembaraza de sus obligaciones transfiriéndolas a la gente. No me imagino al Jefe de Gobierno corriendo detrás de nosotros, como una madre atribulada, recogiendo las colillas, las latas de refresco, los cartones de las papas fritas y otras curiosidades que tenemos a bien arrojar por la ventanilla cuando fumamos o bebemos en el coche. Si pusiéramos las cosas en su lugar, entre ellas la basura, ahorraríamos dinero al erario, y a las tareas de limpieza pública una carga fabulosa de trabajo inútil y de tiempo perdido. Es una obligación del gobernante orientar a la gente para conseguir los objetivos comunes más barato, más rápido. Los gobiernos utilizan los medios de comunicación para decirnos que ahorremos agua, que no contaminemos y hasta que usemos el condón. Está bien. La educación masiva no puede ser sino permanente, pero es muy cara. Si aprendiéramos sin que nos tuvieran que repetir tanto los mensajes, el dinero ahorrado serviría para otra cosa. Las mejores sociedades que ha conocido el mundo tuvieron sus puntos de apoyo en la solidaridad y el bien común, dos antiguallas olvidadas. Es más, quien las patrocina es objeto de burlas y señalado como un tonto. ¿A dónde va la sociedad del “sálvese quien pueda”? La ilegalidad es la impronta de la época, y también el individualismo rabioso. La palabra trabajo ha sido reemplazada por la palabra éxito. El listo desplazó al bueno. El yo devoró al nosotros. El ciudadano ya no es el ciudadano, es el consumidor. No somos gente con emociones, con sentimientos. Somos dinero. Y así nos va. “Lo que no es bueno para el enjambre no es bueno para la abeja”, dijo un emperador romano hace 2200 años, y el axioma no ha sido cuestionado porque su evidencia no admite réplica. Sin embargo mucho más tarde el filósofo inglés Francis Bacon explicaría que el vivir en la sinrazón es algo normal desde que en la naturaleza humana “hay siempre más del necio que del sabio”. Alguna vez empecé y no terminé un proyecto de novela que se desarrollaba en una isla donde gobernaban niños, o gente muy joven, y los problemas comenzaban a resolverse, porque sí hay modo de vivir mejor, pero el egoísmo humano ha logrado minar las estructuras sociales hasta rebasar todos los límites imaginados. El niño y el joven no saben nada de nada, pero tienen la capacidad de ser solidarios e idealistas. En el adulto parecen recidivar los valores enfermos. ¿Qué buscan los hombres que se destacan? Los que nuestra cultura llama exitosos. Poder y dinero. Dinero y poder. Poder para tener dinero. Dinero para tener poder. No es un círculo vicioso. Es un círculo infernal. El individualismo no es malo en sí mismo, porque algunas de sus representaciones permiten al sujeto sublimar su espíritu. Grandes defensores del pensamiento individual fueron Nietzsche, Steiner y Kierkegaard. Lo social, por oposición, se suele asociar a ciertas formas de totalitarismo. El nazismo, el comunismo y el fascismo criticaron la libertad individual. Pero hoy no hablo aquí yéndome a profundidades filosóficas. Hablo en contra del individualismo egoísta de esta época. Del que impide ser buen vecino, mejor amigo y comprometido ciudadano, del que impide mejorar la ciudad, la comunidad, nuestro pequeño mundo. La sociedad padece un frío de muerte. A los políticos no les creemos, a los policías les tememos, a los vecinos no los conocemos. Indiferencia, emociones dormidas, insensibilidad. Parece que los ancianos no se han ganado el derecho al bienestar. Preservar del sufrimiento a los animales, no interesa. El cuidado del medio ambiente, no está en la agenda. De la salud para los enfermos, a ver quién se ocupa. Trabajo Comunitario. Un sujeto le comentó a otro: “El cáncer de esta época es la indiferencia”. Y el otro le contestó: “Y a mí ¿qué me importa?” “El diferente”, especialmente en lo sexual, no es digno ni de respeto ni de integrarse a la sociedad con normalidad. Es blanco de escarnio, de humillaciones y de burlas de baja especie. Se da por sentado que los patrones que marcan las mayorías son los normales, y lo demás, despreciable. Jack El Destripador es el asesino más célebre de la historia con cinco asesinatos. En Ciudad Juárez han muerto algunos centenares de mujeres al conjuro del más riguroso misterio, sin que las voces de reclamo hayan logrado provocar más que un modesto escándalo por los sucesos. La violencia en las familias, la inseguridad, las violaciones, la peste de las drogas, todo esto y más tiene que ver con los seres en que nos hemos convertido, portadores de indolencia a perpetuidad. No me he propuesto redactar una encíclica, ni un compendio de virtudes morales. Sí hacer referencia a lo que nos toca en la vida comunitaria. La parte de cada uno que bien llevada a cabo haría posible todo o casi todo lo que expresamos como anhelos de una vida mejor, pero que no hacemos por conseguir. Gobernantes ricos e insensibles. Pueblos paupérrimos y olvidados, ignorantes. La pobreza deshumaniza y la pobreza de espíritu crea estupidos. Con estos conductores y estos conducidos es obvio que no puede acechar en lontananza más que un destino umbrío. Hubo otros tiempos, yo creo. Cuando los jóvenes no aspiraban a ser ricos, aspiraban a ser honorables. Cuando nuestra palabra valía más que nuestra firma. Cuando el prestigio personal era el patrimonio que se exhibía y esto tenía el valor hermético del honor invulnerable. Me pregunto si en las escuelas todavía se enseña ética. Si se les enseña a los niños y a los jóvenes que esta disciplina nos dice mucho de los deberes que tenemos hacia nuestros semejantes, del respeto que merecen los seres vivos, de las normas que rigen la vida de una persona decente, de los valores que deben prevalecer para que una sociedad sea justa. Que, en suma, la libertad es maravillosa y hay que ejercerla y gozarla sin vergüenzas ni cortapisas, pero se termina cuando nuestros actos individuales comienzan a vulnerar los derechos de terceros. Si es cierto que el ser humano destruye el ámbito en el que vive, su propio hábitat social, es previsible que derrape hacia un destino inescrutable. Ya es suficiente, vamos bastante mal como para que sigamos formando tan endebles hombres del mañana. No pretendo ser apocalíptico. Mientras estemos aquí tenemos la obligación y el deseo de vivir. Y de vivir mejor, por la tendencia humana al peldaño superior. Creo que al ser humano sólo lo salva el amor. Pregúntese qué es lo que le toca. Porque usted, lector, tiene que ser madre, o padre, o hija, o hermano, o maestra, o bombero, o vecina, o servidor público, o amigo, o enfermera, o prójimo. Ame. ¿Qué le toca y cómo lo está haciendo? En las grandes crisis de fe se multiplican los pesimistas y los débiles, formando un inmenso ejército de hombres de brazos caídos, que sólo creen, paradójicamente, en el triunfo del fracaso. Pero hay todavía, y siempre, los que conservan la acerada voluntad de seguir luchando, y que son el contrapeso de los peregrinos de la inercia, de los vencidos. Ame y respete. Los mexicanos aprendimos hace mucho, con ejemplaridad, que el respeto al derecho ajeno es la paz. Y, a lo mejor, el milagro necesario comienza a asomar por ahí, porque el arte de las relaciones humanas es el más difícil, pero el más hermoso. publicado en www.otromundoesposible.net |

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Publicado 11th jul 2011 Publicado por Lamazon |
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Soy aficionado a la literatura, a los animales, al cine, a la pareja. Pareja no tengo, todo lo demás es fácil de conseguir. Algunos se preguntarán si es legítimo que escriba sobre la pareja quien no la tiene, o quien a una edad adulta no ha logrado asirse al amor definitivo. Les respondería que el cirujano que nos opera del corazón no necesita haber sufrido el infarto para saber cómo hacerlo. Además, veamos algunas combinaciones frecuentes en las parejas: Hay quien la tiene y no la quiere, otro la quiere pero no es correspondido, otros están juntos pero sólo los une el no poder o no saber desanudarse, otros son pareja pero no son felices, otros ni tienen ni quieren, otros quieren y no encuentran, otros tienen un tesoro y no saben apreciarlo, otros perdieron al compañero por alguna fatalidad. Otros lo perderán mañana, y hoy ni lo imaginan. A otros, afortunados, la felicidad los espera a la vuelta de la próxima esquina. Puedo escribir. Si todos somos diferentes, ¿por qué cabría esperar que una sola fórmula nos explicara cómo encontrar pareja, que es una de las tareas más inextricables a que tenga que enfrentarse el ser humano?
Lo único que está claro, desde siempre, es que el hombre no puede estar solo. Para conjurar la soledad, en búsqueda de seguridad, por necesidad de aprobación y para crecer como individuo, tiene que relacionarse. Paradójicamente, antes de estar acompañado debió aprender a convivir con la soledad, para saber estar consigo mismo. Hay un estadio de inteligencia y de sabiduría en poder estar a solas y en conciencia, conocernos, querernos. Si no sé estar conmigo ¿cómo le puedo pedir a otro que lo esté? La vocación por el amor de pareja se revela muy temprana en todos, se da desde la infancia, y cuando llega la edad del romance son muy pocos años los vividos, que no alcanzaron a formar seres preparados para enfrentar la vasta complejidad de lo por venir. Si aceptamos que el matrimonio y la familia están en crisis, es obligado al menos sospechar que a los jóvenes les falta ayuda para afrontar un trance tan difícil como el de la selección del compañero. La mayoría se une con una serie de ideas larvarias, casi siempre tontas, que no les van a servir para nada después, y que están dictadas por el estado de borrachera fugaz del enamoramiento, cuando el compañero parece único, extraordinario, perfecto. Se concibe la relación como un ayuntamiento para continuar disfrutando esa emoción hasta la eternidad, con olímpica ignorancia de que la pareja va a ser inevitable fuente de infelicidad en la vida cotidiana. Y que con eso habrá que lidiar. El romance o estado de enamoramiento es corto. Lo que viene después, es muy largo, aun aceptando que pueda ser mejor. Que sea mejor o muy bueno depende de tantos factores que nadie está preparado para acrisolarlo a los 20 años de edad. La construcción de la pareja y su destino es un proceso continuo y permanente. Reconocer al hombre o a la mujer ideal fue sólo el primer paso, preámbulo de horas felices y de horas amargas. El amor se enferma. De aburrimiento, de hastío, de intolerancia y de muchas cosas más. Usted habrá sido testigo, como yo, de parejas que se separan por lo mismo que se unieron. Una mujer le cuenta a su mejor amiga: “Me encontré al más maravilloso de los hombres, es deportista, culto, divertidísimo”. Un año después le dice: “Ya me separé del idiota, se pasaba días enteros jugando al golf, se creía culto y contaba siempre las mismas dos historias; y quería ser el centro de todas las fiestas con sus chistecitos”. Reparto de roles, autoridad, dinero, enfermedades, entorno familiar, paciencia, comunicación, fidelidad, hijos, celos, sexualidad, capacidad de renuncia y abnegación pondrán a prueba a los dos aventureros todos los días de su empresa común. Con pareja o sin pareja la felicidad no es una mercancía que llega sola a la vida de nadie, por el contrario exige inteligencia y tiempo, es tirana y celosa. Por lo que vale la pena aceptar desde muy temprano en la vida que tendremos que dedicarle la vida. Hay millones de hombres y mujeres que sufren porque no saben amar. No saben cómo se camina en los terrenos del amor, que es para ellos un desierto de arenas movedizas donde sucumben. No saben amar pero no pueden prescindir de intentarlo y dedicarse a otra cosa, porque todos tienen ganas. Es el instinto el que manda. Como se defiende la vida, como se come y como se duerme. Para que la supervivencia de la especie esté garantizada es necesario que todos… ¡tengamos ganas! Ganas de amar con amor físico. Y de eso ya se encargó la naturaleza. Así entonces, todos somos defensores de la pareja. Todos, si estamos sanos, tenemos ganas. Como no se sabe de una sola pareja que haya carecido de conflictos, hay que decir que inteligencia, compromiso, reflexión y amor serán los instrumentos que servirán a la causa de los dos. Para comunicarse. No sólo los problemas de la pareja, todos los problemas de la humanidad tardan o no pueden resolverse cuando los hombres no logran comunicarse. En el largo menú de problemas que todos los días enfrentan las parejas del mundo, inabarcable en este espacio, es demencial creer que el que grita más fuerte puede “vencer” al otro que sufre por narcisismo. Los problemas conyugales, para la psicología, se resuelven con la maduración personal de los cónyuges, no cambiando de pareja. Esta regla podría tener algunas objeciones, pero es importantísima. “La compro” porque necesito tenerla siempre presente. Comprométase con la pareja y por la pareja. No lo olvide: el amor es libre. El otro sigue siendo una individualidad. Respete su desarrollo personal, el del otro. El amor de pareja, con ser maravilloso, no deja de ser frágil. Es menester cuidarlo porque se trata de la joya más cara que usted posee, lo sepa o no lo sepa. Con la pareja llegará la intimidad madura, la más exaltada posibilidad de goce físico e intelectual. A ver si usted entiende la seriedad del desafío. Encontrar pareja es la tarea más formidable e importante de su vida. No conozco una sola fórmula que garantice alejarse del fracaso. No conozco tampoco otra que asegure una perenne felicidad. Sí creo religiosamente que al caer los dos en los brazos elegidos, tienen la llave para acceder a la más elevada expresión del amor: hacer empatía, aceptar, comprender, dar, contener, proteger, compartir, decir, intercambiar, compadecer, comulgar, trascender y sobrenadar el instante del insoportable goce supremo. Cada una de estas actitudes es una empresa por sí misma. Estúdielas. Profundícelas. Estará elevando su rango de conciencia y acercándose a ser una mejor mitad, una mejor pareja, una mejor persona. No abandone la búsqueda del ser amado. Para vivir con él. Para morir con él. Artículo publicado en la revista FERNANDA de la ciudad de México |

















