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Publicado 13th ene 2012 Publicado por Lamazon | ||
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El “me voy” y el “no me voy” Por Eduardo Lamazón Los boxeadores se van. Un día inescrutable pero cierto, llega la cita con el retiro. Terrible realidad. ¿Es que alguien no se va? ¿Es que alguien no deja de ser? Cuando este deportista es un boxeador, la rotunda sensación de que el mundo es el que se acabó, reviste características dramáticas. No. No se trata de buscar. Alcanza con la certidumbre de que el síndrome del adiós no distingue épocas ni actividades. Su víctima es el hombre. Dicen los filósofos que la única certeza del que nace es la muerte. En el camino encuentra cualquier hombre otras verdades más fugaces. Como debe saber un campeón de cualquier cosa –porque nada es más seguro– que dejará de serlo algún día. El día llega y somos testigos de que invariablemente los Durán, los Gómez, los Holmes, no se dan cuenta. Les pasa inadvertido. El público troca los aplausos por silbidos. El periodista muda las palabras y hace críticas los elogios que acostumbraba. La familia censura lo que antes alababa sin condición. Y el boxeador comienza a sentirse solo como nunca creyó estarlo. Solo con su lucha más dispareja y feroz. Un golpe, que es decir un segundo de vida, tal vez menos, cambia esa carrera hacia la cumbre porque hasta ahí llegó, e inicia el descenso. El ascenso tuvo un principio. Este descenso no tendrá un final.
La soledad del boxeador se parece a todas las soledades. Es incomprensión, literalmente, lo que padece. Porque no necesita que lo comprendan racionalmente, sino en el universo de sus emociones, que es mucho más grande, más hondo y más cruel. Quiere volver a pelear para dar un puñetazo que despierte el delirio colectivo. Eso será aprobación y no otra cosa es lo que él necesita para creerse el gigante de ayer. En esa búsqueda absurda que quiere amarrar el pasado, Holmes, Gómez, Durán, están diciendo “con permiso” cuando tendrían que decir “ya me voy”. Y quién sabe cúál es la solución. Acaso tiene que ver con esta indiferencia contagiosa que nos agobia. Acaso no está en el boxeador sino en los demás. Acaso tiene que ver con que para que todo vaya bien hay que tomar decisiones correctas siempre. Y éste debe ser, está visto, un ejercicio muy complicado, para el que no alcanza con la fuerza felina de un boxeador.
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Publicado 12th jul 2011 Publicado por Lamazon | ||
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Por Eduardo Lamazón
Brandon Ríos se porta como un demente. Habla, grita, amenaza, vocifera y ofende con un lenguaje pestilente y soez. Y por ahora cumple sus amenazas. Es incontenible sobre un ring de boxeo, y posiblemente debajo también. Soportó los golpes de Urbano Antillón como si fueran caricias y ganó la pelea con una facilidad pasmosa. Quiere arar la tierra y desaparecer a todos los pesos ligeros del mundo. “Puedo matarlos uno a uno sobre el ring, pero como soy un chico bueno me conformaré con ganarles”, dijo. Habrá quien piense que no es para tanto, y seguramente no es para tanto, pero Brandon, mientras , llama la atención y mete miedo. La pelea en Carson fue tan dramática como se esperaba, pero muy breve, lo que acotó las emociones de la batalla épica de todos los pronósticos. Urbano Antillón no soportó la presión de los golpes que le llegaban en marabunta y no fue apto para un agarrón como el que había tenido con el Zorrita Soto. ¿Es tan bueno el Bam Bam Ríos? Todavía no lo sabemos. Le ganó a Antillón y fue impresionante, pero todo podría ser distinto cuando se enfrente a gente con mayores recursos, como el Títere Vázquez o Juan Manuel Márquez, por ejemplo. Este Antillón estático, de piernas ausentes, incapaz de boxearlo, le facilitó las cosas.
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Publicado 5th jul 2011 Publicado por Lamazon | ||
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Por Eduardo Lamazón
La pólvora estuvo escondida siete minutos en los guantes del Tyson Márquez que sólo en el tercer round provocó el estallido único y final para resolver la pelea en Hermosillo. Sigiloso, casi dormido durante dos rounds, no daba pistas de que ése sobre el ring era el hombre de puños incendiarios que conocemos. Si usted revisa el registro del tercer round que está en youtube, verá que Julio César Chávez decía en la transmisión “le faltan combinaciones al Tyson para empezar a hacer daño”, y como si le hubiera hablado al oído las manos del sonorense comenzaron a trabajar con obediente diligencia. Sus envíos explotaron abajo y en el rostro de Edrin Dapudong que depositó tafanario e ilusiones en la humillante lona del ring. El Tyson Márquez abre los ojos de los aficionados que lo miran como una posible nueva figura grande del boxeo. No es ya el que perdió con Nonito Donaire y con Mepranum. ¿Por qué?, se preguntarán ustedes. Y es que la pelea, victoria y título en Panamá contra Luis Concepción lo hicieron crecer donde más importa, en confianza y voluntad. Ahora cree y sabe que puede romper esquemas y romper madres porque donde pega hace un desastre. | ||
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